La inteligencia artificial en la agricultura | Increnta

La inteligencia artificial revoluciona el sector de la agroindustria

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La inteligencia artificial en la agricultura, en palabras de la FAO, va a conseguir que un sector como la agroindustria supere, por fin, la brecha digital. Y no solo eso, todas las posibilidades que abre esta tecnología van a dejarse ver en todos los procesos logrando una industria más competitiva: los agronegocios deben adaptarse a la nueva realidad digital para adaptarse a las necesidades alimentarias de la población.

 

Inteligencia artificial: significado

Cuando hablamos de inteligencia artificial, nos referimos a una combinación de algoritmos que hacen que una máquina se asemeje más a un humano en su manera de funcionar. Existen múltiples variantes en este campo, desde máquinas que aprenden, resuelven y toman decisiones, a otras que están enfocadas en emular la manera en que actuamos las personas. 

La idea obviamente no es que las máquinas nos sustituyan, pero sí que nos hagan mucho más eficientes, especialmente en tareas tan relevantes como el cultivo de alimentos en un mundo en precario equilibrio como es el nuestro.

 

Inteligencia artificial en la agricultura: aplicaciones y campos de actuación

La IA puede ser la solución para que una población cada vez mayor y un clima cada vez más incierto no sean obstáculo para lograr alimentos suficientes, y permitirá al mismo tiempo proteger la biodiversidad, protegiendo gran variedad de cultivos.

Los tres principales campos en los que se está trabajando para aplicar las posibilidades de la inteligencia artificial en la agricultura son los siguientes:

  • La capacidad de predicción 
  • La monitorización y evaluación de suelos y de cultivos a través del IoT
  • La robótica orientada a la agricultura

 

La inteligencia artificial en la agricultura: la capacidad de predicción

A través de un sistema de algoritmos capaz de sacar conclusiones de datos, se puede aplicar a la agricultura un sistema de predicción climatológico que permitirá adoptar medidas de todo tipo. Si la Inteligencia Artificial se aplica a la meteorología, podremos anticipar lluvias, sequías y otro tipo de fenómenos como el granizo. Y esto puede determinar que se riegue más o menos o incluso que se desplieguen mecanismos de protección. 

Del mismo modo, poder evaluar a través de la temperatura de un cierto periodo cuándo va a alcanzar la cosecha el punto óptimo de maduración, puede ayudar a escoger el día adecuado, cuando su calidad sea la mejor.

 

La inteligencia artificial en la agricultura: la monitorización y evaluación de suelos y de cultivos a través del IoT

A través de soluciones IoT (internet de las cosas o Internet of Things), se podrán mejorar los rendimientos de los cultivos a través de la gestión de la información obtenida por imágenes. Los sensores, que se pueden colocar cercanos a los cultivos o incluso a distancias considerables como la de un satélite, recopilarán datos e imágenes que garantizarán capacidad de reacción ante plagas, malas hierbas o necesidades de fertilizantes. Además, estos productos podrán adaptarse a través del análisis de muestras a la necesidad puntual de la tierra, variando y ajustando las fórmulas según sus condiciones.

El monitoreo a través de IA permitirá, además, realizar observaciones y emitir análisis durante largos periodos de tiempo facilitando enormemente la vida al sector agroalimentario. 

 

Nueva llamada a la acción

La inteligencia artificial en la agricultura: la robótica orientada al cultivo

Drones, cosechadoras inteligentes y un sinfín de robots autónomos o colaborativos pueden cambiar radicalmente la manera en que trabajamos el campo, ahorrando trabajos duros en condiciones extremas (que además se realizarán más rápidamente) y posibilitando un trabajo preciso. Las tareas que pueden llevar a cabo los robots son infinitas, tantas como podamos imaginar, y estarán presentes a lo largo de toda la cadena de suministro de los alimentos. 

 

La inteligencia artificial en la agricultura: retos

Los principales retos a los que se enfrenta esta revolución son el formativo, el de accesibilidad, el ético y el de la sostenibilidad. El sector agroalimentario tiene que invertir en formación tanto si hablamos de grandes latifundios como si se trata de comunidades de pequeños propietarios. Facilitar el acceso a esa formación que va a redundar en una seguridad alimentaria mayor para todo el mundo debería pues ser prioridad en la agenda de las administraciones. 

El de accesibilidad debe garantizar cobertura de red en entornos rurales en los que hasta ahora se ha descuidado la conectividad de la población, posibilitando la funcionalidad de los dispositivos de IA.

En cuanto al reto ético, la inteligencia artificial ha de ser capaz de garantizar alimento no solo a los países más desarrollados, sino que debe ser herramienta fundamental del despegue de otros países donde los alimentos aún son un bien escaso. Y la producción no debe estar exenta de matices, protegiendo la riqueza de la cultura gastronómica mundial.

Por último, el factor sostenibilidad (económica y medioambiental) debe impregnar esta digitalización y aplicación de tecnologías al sector, alineándose con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. 

 

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